La Fiabilidad del Nuevo Testamento: Parte I

Cuando hablamos del Nuevo Testamento saltan a la mente diversas incógnitas. ¿Quién lo escribió? ¿Qué tenían en mente los autores cuando lo escribieron? ¿Es verdad lo que se enseña en sus páginas? ¿Podemos confiar en que los autores nos están contando la verdad?

Cuando comenzamos a sumergirnos en el estudio de este compendio de libros y cartas surgen todavía más preguntas. En esta ocasión trataremos con una que fue popularizada por el crítico del Nuevo Testamento Bart Ehrman en Misquoting Jesus. Esta es: ¿Podemos confiar en el Nuevo Testamento cuando, en ausencia de los escritos originales, lo único que tenemos son “copias de copias”?

En este escrito no vamos a ver la confiabilidad histórica del Nuevo Testamento, o sea, que su contenido sea históricamente correcto. Más bien vamos a tratar el asunto de si tenemos en nuestras manos un texto semejante al texto original del NT. Esta cuestión para nada aborda los temas históricos con los que trata el NT, pues, como dice William Lane Craig: “eso no prueba que lo que esos documentos dicen sea históricamente cierto. Podríamos tener el texto de las fábulas de Esopo establecido a una certeza de 99% y aun así eso no haría nada para mostrar que las fábulas son relatos verdaderos.” (Craig, de su blog Reasonable Faith, 2012.)

El Argumento de Ehrman

Bart Ehrman es un erudito y crítico del Nuevo Testamento. Es experto en el paleocristianismo, tiene inclinaciones ateas aunque a sí mismo se considera un agnóstico. Dicho esto, vayamos a lo que dice Ehrman:

[…] había un problema evidente en la afirmación de que la Biblia era producto de la inspiración divina en cada una de sus palabras. […] en realidad no tenemos los manuscritos originales del Nuevo Testamento. Lo que tenemos son copias de esos manuscritos, copias realizadas años después, en la mayoría de los casos, muchísimos años después. Pero además, ninguna de esas copias es completamente fiel, pues los escribas encargados de hacerlas alteraron el texto en determinados lugares. […] Esto significa que en lugar de disponer realmente de las palabras inspiradas de los autógrafos de la Biblia, de lo que disponemos es de copias de esos autógrafos plagados de errores. [1]

Así mismo, en su debate contra James White, Ehrman comenta:

“La primera persona que copió el Evangelio de Marcos sin duda cometió errores. ¿Cómo fue copiado Marcos después de ello? Bien, el original habría sido copiado, pero luego la copia habría sido copiada. Y el problema es que cuando alguien copió la copia, no sólo copia las palabras originales, copia también los errores que cometió el primer escriba e introduce sus propios errores. ¿Qué sucede, entonces, cuando alguien viene y copia esa segunda copia? Que la persona replica los errores de sus predecesores, e introduce los suyos propios. Y las copias fueron hechas semana tras semana, año tras año, década tras década.” [2]

Lo que Ehrman propone es algo parecido al famoso “teléfono descompuesto” que es un juego que parece todos conocemos. En este juego un jugador dice al oído de su compañero alguna palabra o frase (sin que los demás escuchen); éste, a su vez, se la repite a su otro compañero, luego éste a otro compañero y así sucesivamente hasta llegar al último jugador que es quien dice la palabra y/o frase en voz alta. Una vez dicha la palabra y/o frase, el primer jugador, que fue quien transmitió primero la palabra/frase, confirma si la palabra/frase llegó de manera clara hasta el final, lo que muchas veces no sucede. En dicho juego, durante la transmisión de la palabra o frase, ésta se va distorsionando al punto que llega a ser algo completamente distinto a lo que se transmitió en un principio. Como no es válido repetir la palabra, quien la escuchó debe transmitirla aun de manera errada (si no entendió), y dicha palabra o frase se puede ir corrompiendo aún más en el transcurso.

Aunque esto parece correcto, a primera instancia, no aplica de hecho a la transmisión del copiado manuscrito del Nuevo Testamento. Lo que Ehrman dice implica una transmisión lineal de las copias manuscritas, pero las copias manuscritas del Nuevo Testamento no se pasaron de manera lineal, sino geométrica. El apologista católico Dante A. Urbina comenta que:

[…] Ehrman puede hacernos pensar que el proceso de transmisión textual del Nuevo Testamento es básicamente lineal. Pero no, no es lineal, sino geométrico. Es decir, no es simplemente que un escriba hace una copia que transfiera exclusivamente a otro el cual a su vez transfiere la suya exclusivamente a otro y así sucesivamente, sino que en general un mismo escriba hace muchas copias de un mismo texto y las envía a diferentes lugares donde otros escribas a su vez harán distintas copias de la primera y también las enviarán a otros lugares y así sucesivamente. [3]

Esto es meramente comprensible cuando recordamos que la gran comisión que Cristo encomendó a los Apóstoles era la de “Id y haced discípulos por todas las naciones…” (Mateo 28:19). Por lo que la mentalidad de los escribas cristianos era la de tener una expansión masiva por todas las regiones.

Por otra parte, sobre la analogía del “teléfono descompuesto” (que muchos escépticos usan para desprestigiar la transmisión de los copistas) el erudito del NT, el Dr. Craig Blomberg, comenta que:

En el juego del secreto [teléfono descompuesto] la diversión es que la persona no lo entendió bien o quizás no lo escuchó bien la primera vez y no le puede pedir a la persona que lo repita. Luego lo retransmite también en un susurro lo que hace más probable que la otra persona agregue algún otro disparate. De ese modo sí, después que el secreto ha dado la vuelta en un círculo de 30 personas los resultados pueden ser divertidos. […] Si realmente usted quisiera desarrollar esa analogía a la luz de los sistemas de controles y balances de la comunidad del siglo I, tendría que decir que una de cada tres personas, en voz alta y clara, le habría preguntado a la primera persona: “¿Todavía lo estoy haciendo bien?” y lo hubiera cambiado si no fuera así. La comunidad estaría examinando constantemente lo que se dijo e interviniendo para hacer correcciones sobre la marcha. Eso preservaría la integridad del mensaje.” [4] [Énfasis mío]

¿Es un problema el no tener los manuscritos originales del NT?

A primera instancia podemos decir que no. No es un problema el no tener los manuscritos originales para confiar en que el Nuevo Testamento que hoy poseemos es muy apegado a lo que escribieron sus autógrafos. De hecho, muchas obras antiguas no cuentan con los escritos originales y sin embargo son tomadas como obras con transmisión fidedigna. A pesar de no tener los documentos originales de determinadas obras se puede reconstruir dicha obra original a través de los manuscritos disponibles. ¿Cómo sucede esto?

Crítica Textual

Para saber si tenemos una copia más o menos exacta a la de los manuscritos originales del Nuevo Testamento debemos consultar a la rama de la erudición textual, la filología y la crítica, esta es, la crítica textual.

Es [la crítica textual] el conjunto de operaciones ejercidas sobre uno o varios textos alterados por diversas vicisitudes sufridas desde el momento en que fueron escritos hasta aquél en que llegan a nosotros, y encaminadas a tratar de restituir lo que se considera era su forma originaria. [5]

A partir de esto el Dr. Craig Blomberg comenta correctamente que: 

El punto de partida más común para investigar la veracidad de un documento antiguo no se centra en la credibilidad de su contenido per se, sino que empieza con la pregunta de si podemos estar seguros de tener en nuestras manos algo parecido a lo que el autor del documento escribió en realidad. [6]

Para saber si, como dice Blomberg, tenemos una copia algo parecida a la del autor original, debemos recurrir a la rama antes mencionada.

Hay una serie de factores que se necesita todo crítico para ejercer este trabajo la cual es:

  1. que resulta evidente de primeras que nuestro texto no es bueno al 100 por 100, que contiene alteraciones, por lo que requiere ser revisado y mejorado en mayor o menor medida.
  2. que el ejemplar o los ejemplares de ese determinado texto derivan en último término de un original que se supone libre de tales alteraciones o, al menos, de la mayoría de ellos.
  3. que estas alteraciones se produjeron en el período de transmisión del texto.

Como ya notamos el Nuevo Testamento debe ser puesto, como las otras obras de la Antigüedad, a tela de juicio. Es necesario someterlo a un análisis si queremos creer, racionalmente, que estamos leyendo un texto preservado por los siglos con una eficacia de transmisión casi perfecta, como diversos eruditos suponen.

Análisis crítico de las copias del Nuevo Testamento

Hay obras antiguas que no tienen muchas copias manuscritas, y que tienen una brecha grandísima de los originales a las primeras copias. Recordemos que la imprenta no había sido inventada en el tiempo de Jesús y por ello es que la mayoría de las obras carecían de abundantes copias. Por ejemplo, tenemos dos copias manuscritas de los escritos de Tácito sobre la historia de Roma, y dichas copias no fueron escritas sino hasta el siglo IX y XI d.C. [7] Tenemos también, por ejemplo, las copias manuscritas de las obras del historiador judío Flavio Josefo que son apenas nueve, datadas de los siglos X, XI y XII; tenemos una copia en latín del siglo IV y materiales rusos de los siglos XI y XII respectivamente. [8] Por otra parte tenemos que la Biblia de los griegos (esta es, la Ilíada de Homero) cuenta con 650 manuscritos griegos el día de hoy; esto le posiciona como la segunda obra de la antigüedad con más copias manuscritas. La brecha que le preceda a la primera copia del documento original es de más de mil años. Las primeras copias que tenemos datan del siglo II y III d.C., mientras que la Ilíada de Homero no fue compuesta sino en el 800 d.C., ¡la brecha es impresionante! El intervalo de tiempo entre la primera copia y los originales es grandísima. [9]

¿Y cuál es la ventaja que lleva el Nuevo Testamento sobre estas obras? ¡Una muy grande! Resulta que el Nuevo Testamento es la obra de la Antigüedad con más copias manuscritas, teniendo cerca de cinco mil manuscritos escritos en lengua griega más dieciocho mil en distintas lenguas (copta, siríaca, gótica, latín, etc.). Algo que es todavía más impresionante es que la brecha que hay entre los primeros documentos y las copias manuscritas, ¡es relativamente pequeña! El manuscrito más antiguo que tenemos del Nuevo Testamento es el llamado P52, que es un trozo de un papiro que contiene fragmentos del Evangelio según San Juan (18:31-33, 37-38) y pertenece al primer tercio del siglo II d.C., ¡a tan solo unas cuantas décadas del escrito original! (90 d.C.) Si comparamos este intervalo de tiempo con el intervalo de obras como Annales, de Tácito; Guerra de los judíos, de Flavio Josefo, y la ilíada de Homero, de los griegos, ¡es un período muy corto! Casi inobjetable por los académicos. Pues según la crítica textual un documento tiene más posibilidades de ser fiable según intervalo de tiempo que separa a su primera copia de los originales.

Los estudiosos del Nuevo Testamento concuerdan en que los escribas cristianos fueron muy minuciosos al momento de copiar los manuscritos éste. El doctor Bruce Metzger, en el año 1963 publicó un análisis comparativo sobre la distorsión en la transmisión y el copiado de tres grandes obras de la Antigüedad: la ya mencionada Ilíada de Homero; el Mahabharata Hindú y el Nuevo Testamento.

Resulta que los estudios resultaron muy a favor del Nuevo Testamento. Si tomamos las variantes textuales que afectan de manera directa al texto, el Mahabharata tendría un 10% de corrupción; la Ilíada de Homero llegaría a un 5%; ¡mientras que el Nuevo Testamento apenas llegaba al 0.2%! [10] ¡Esto es increíble! La fiabilidad de la transmisión y el copiado del Nuevo Testamento es impresionante al lado de las otras dos obras.

Sobre estas variantes que afectan de manera directa al texto tenemos lo que dice Blomberg:

“Las variaciones más importantes aparecen  normalmente  en  las  notas  al  pie  de  las  traducciones modernas de la Biblia. Las únicas variantes textuales que afectan a más de una frase o dos (la mayoría solo afectan a palabras o frases sueltas) son Juan 7:53-8:11 y Marcos 16:9-20. Es muy probable que ninguno de estos dos pasajes refleje lo que Juan o Marcos escribieron en realidad, aunque la historia que hay en Juan (sobre la mujer sorprendida en adulterio) aún tiene muchos puntos de historia real. Por lo general, se puede reconstruir, más allá de toda duda, entre un 97% y un 99% del Nuevo Testamento original en griego. Además, ninguna doctrina cristiana se basa en su totalidad, ni siquiera en su mayor parte, en ningún pasaje cuyo texto esté en disputa.” [11]

(También recomiendo estas obras para tener una mayor claridad al respecto: Kurt Aland y Barbara Aland, The Text of the New Testament, 2da Edición, 1998. También leer: David A. Black, New Testament Textual Criticism: A concise guid. 1994)

Pero, ¿qué pasa con las otras variantes textuales, aquellas que no afectan de manera directa el texto? Al respecto Craig Blomberg comenta:

“Existen   todo   tipo   de   variaciones   que   diferencian   a   estos manuscritos  entre  sí, pero  la  gran  mayoría  de  estas  variaciones implica simples cambios en la ortografía, gramática y estilo, o son omisiones accidentales o repeticiones de letras, palabras o frases. Solo unas  cuatrocientas  de  ellas  (menos  de  una  por  página  en  una traducción al inglés estándar) poseen alguna relevancia en cuanto al significado del pasaje en cuestión.[12]

Como dice Metzger, estamos seguros de que en aquel tiempo ya existía el astigmatismo, y los escribas cristianos seguramente lo padecieron. Además, el escribir con tinta provocaba que esta se desprendiera y era difícil leer de esa manera los manuscritos. A eso le sumamos que algunos escribas pudieron tener faltas de atención por las que también se pudieron filtrar algunos errores. Pero independientemente de ello parece que Dios, en su divina providencia, nos ha proporcionado un Nuevo Testamento casi 100 % libre de errores, según lo que hemos visto.

¿Hay coherencia entre las copias manuscritas del Nuevo Testamento?

Por poner sólo unos ejemplos. Contamos con dos papiros, P75 y P52. P75 data del año 175 d.C., y contiene la mitad de los Evangelios de Lucas y Juan; por otro lado, P52, datado del año 152 d.C., contiene, como ya dijimos, el fragmento de Juan 8:31-33 y 37-38. Estos son los documentos más antiguos que tenemos respecto a copias del Nuevo Testamento. ¿Qué coherencia hay entre estos textos más antiguos con otros más tardíos? Mucha, a decir verdad. Podemos tomar como referencia a los famosos Codex Vaticanus y Codex Alexandrinus. El Codex Vaticanus contiene casi todo el N.T., no contamos con las páginas desde Hebreos 9:14 hasta apocalipsis, datado de los años 350 d.C. Por otro lado, el Codex Alexandrinus contiene todo el N.T., sin excepciones, y data del 400 – 420 d.C.

Si comparamos al P75 y el P52 con ambos con el Codex Alexandrinus y el Codex Vaticanus suponiendo que la tesis de Ehrman es cierta deberían haber muchas discrepancias, ¿no es así? Recordemos que Ehrman hablaba de una corrupción en la transmisión y copiado del Nuevo Testamento. Aparentemente sugiriendo una transmisión lineal de éste y no geométrica. Si su argumento es cierto deberíamos esperar que en este intervalo de tiempo que separa a los papiros de los Codex, hubo corrupción alguna.Pero resulta que es todo lo contrario. El P75 como el P52 corresponde de una manera casi perfecta al Codex Vaticanus y al Codex Alexandrinus, ¡aun cuando el intervalo de tiempo que los separa es relativamente grande!

En conclusión podemos decir que de acuerdo a la evidencia recaudada, el Nuevo Testamento fue transmitido y copiado de manera fidedigna. Vemos que los múltiples manuscritos no son una razón para decir que el Nuevo Testamento es equívoco; la larga transmisión y copiado no parece ser un problema para la prueba bibliográfica del Nuevo Testamento. Desde mi perspectiva debo decir que entre más estudio la confiabilidad histórica del Nuevo Testamento más seguro estoy de lo que creo. Puedo confiar en que verdaderamente vino un hombre al mundo llamado Jesús de Nazaret; que lo que hoy leo en la llamada Biblia son casi exactamente las mismas palabras de los autógrafos del siglos I, y eso me deja perplejo. Los insto a que ustedes hagan lo mismo.

Referencias:

[1] Craig, W. (Julio 23, 2012). Estableciendo la Fiabilidad de los Evangelios. 27/04/2020, de Reasonable Faith Sitio web: https://es.reasonablefaith.org/question-answer/P40/estableciendo-la-fiabilidad-de-los-evangelios/

[2] Ehrman, B. (2005). Misquoting Jesus: The Story Behind Who Changed the Bible and Why. Estados Unidos de América: HarperOne.

[3] Citado de Dante A. Urbina (2018). “El Argumento de la Fiabilidad Histórica del Nuevo Testamento”. En ¿Cuál es la religión verdadera? Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado (p. 69). Ed. CreateSpace, Charleston SC.

[4] Urbina D. (2018). ¿Cuál es la religión verdadera? Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado, Ed. CreateSpace Charleston SC. p.71

[5] Strobel L. (2000), El Caso de Cristo: una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús, Ed. Vida. P. 50

[6] Bernabé & Hernández (2010), Manual de Crítica Textual y edición de textos griegos, 2da Edición, Ed. Akal S.A. p. 9-10

[7] Blomberg C. (2013), 3 preguntas claves del Nuevo Testamento, Ed. Vida. p, 30

[8] Bruce F. (2018), The New Testament Documents: Are They Reliable?, Ed. Kingsley Books, p. 16

[9] Strobel L. (2000), El Caso de Cristo: una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús, Ed. Vida. P. 69

[10] Strobel L. (2000), El Caso de Cristo: una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús, Ed. Vida. P. 70

[11] Metzger B. (1963), Chapters in the History of New Testament Textual Criticism, Ed. Eerdmans, p. 144-151

[12] Blomberg C. (2013), 3 preguntas claves del Nuevo Testamento, Ed. Vida. p, 31 [13] Recomiendo McDowell J. (2012), Más que un carpintero, y: Geisler & William N., Una Introducción General a la Biblia.

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