Cite a Santo Tomás, pero cítelo bien: Aquino y Sola Scriptura.

El bloguero protestante, anónimo, con el pseudónimo de Turrentinfan, escribió el 29 de diciembre del 2009 una entrada titulada: “Aquinas: Rule of Faith (“Sola canonica scriptura est regula fidei”)”. En este artículo, Turrentin dice que «la expresión de Tomás (“sola canonica scriptura est regula fidei” [sólo la Escritura canónica es la única regla de fe”), a primera vista, suena mucho a la máxima de la Reforma de que la regla de fe es solo la escritura canónica». Sin embargo, también dice que «esto no es un intento de interpretar a Tomás de Aquino como un creyente reformado de nuestros días», lo cual se agradece pues sería un anacronismo terrible.

La cláusula que cita Turrentin proviene de la obra de Santo Tomás llamada: Comentario sobre el Evangelio de San Juan. La cláusula que supuestamente hace alusión a la suficiencia formal de las Escrituras se encuentra en la parte I capítulos 1-7 de dicha obra. Citemos el fragmento en su debido contexto:

«Ahora Juan afirma que su evangelio es verdadero, y habla en la persona de toda la Iglesia que lo recibió: “Mi boca hablará la verdad” (Prv 8,7). Debemos notar que, aunque muchos han escrito sobre la verdad católica, hay una diferencia entre ellos: aquellos que escribieron las escrituras canónicas, como los evangelistas, apóstoles y similares, afirman tan constante y firmemente esta verdad que no se puede dudar. Así dice Juan, sabemos que su testimonio es verdadero: “Si alguno os predica un evangelio contrario al que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1,9). La razón de esto es que solo las escrituras canónicas son el estándar de fe. »[Marqué algunas cláusulas en negrita porque serán el foco de atención más adelante]

Turrentin dice que esta frase de Santo Tomás va de la mano con la creencia protestante de sola scriptura en el sentido de que la Biblia tiene suficiencia formal y material. Y que, por lo tanto, es la única regula fidei para los cristianos. Sin embargo, esto no parece ser cierto.

Del extracto antes citado podemos poner un trilema. Cuando Tomás de Aquino menciona que solo las escrituras canónicas son el estándar de fe, podría estarse refiriendo a i) que sólo el canon definido es nuestra regula fidei y no los libros apócrifos o ii), que sólo las escrituras canónicas, y no la Sagrada Tradición, son nuestra regula fidei, o iii) que sólo el canon definido, y no las expresiones individuales de los Padres de la Iglesia (o escritores eclesiásticos), es nuestra regula fidei. Al final esto se resuelve por el contexto, así que pongamos en tela de juicio cada uno de los enunciados.

Sólo el canon definido es nuestra regula fidei, y no los libros apócrifos

Las palabras marcadas en negrita deben ser nuestro foco de atención en el extracto que estamos analizando. Santo Tomás dice que muchos han escrito sobre la verdad católica, pero que hay una diferencia con los escritos de los apóstoles, evangelistas y similares. Uno puede inferir a partir de esto que Aquino hace un contraste entre los textos apócrifos que no fueron añadidos al canon de las Escrituras y los que sí lo fueron. Pero no parece que esto haga justicia al texto.

Primero, notemos como Aquino dice que muchos han escrito sobre la verdad católica, es decir, que escribieron verdades de la fe católica, y no sólo «intentaron» hacerlo. Implícitamente Aquino nos dice que él está de acuerdo con estas escrituras, lo que no sería el caso si se estuviera refiriendo a textos espurios que escribieron diversas sectas de los primeros siglos del cristianismo (p. Ej., el Evangelio de Tomás, el Apocalipsis de Pedro y el de Elías, el Evangelio de María Magdalena, etc.).  

En segundo lugar, el hecho de que Santo Tomás utilice el adjetivo «canónico» no implica que necesariamente haga un contraste con los apócrifos, como veremos más adelante. En otras ocasiones Santo Tomás se refirió a las Sagradas Escrituras como «escrituras canónicas» y no estaba hablando de la disparidad entre el canon y los apócrifos [ver Summa Theologiae Parte I, Cuestion I, Pregunta I, Artículo 8. Aquino contrasta el canon bíblico con las Escrituras de los Padres de la Iglesia].

En conclusión, si bien parece una propuesta más o menos atractiva no parece ser la más justa debido al contexto inmediato del pasaje, por lo que pasaremos a analizar (ii).

Solo las escrituras canónicas, y no la Sagrada Tradición, son nuestra regula fidei

Como anteriormente dije, esto se resuelve por el contexto. El pasaje en ningún momento está objetando contra la Sagrada Tradición (eso se tocará en el tercer enunciado). Más bien, si el propósito de Santo Tomás era el de demostrar que solo la Escritura es nuestra regula fidei, hubiera dicho que las Sagradas Escrituras, y no la Sagrada Tradición, o mejor, el consenso patrístico, son nuestra regla de fe. Pero el pasaje no parece hacer un contraste entre la autoridad de la Tradición y de la Biblia, y presuponerlo sería forzar demasiado las palabras de Aquino.Este enunciado es el que Turrentin propone. Para dar fuerza a ello da algunas otras citas de Santo Tomás donde habla de la regula fidei de las Escrituras. Por ejemplo:

«Porque la Sagrada Escritura es la regla de la fe, a la cual no se le puede hacer adición o sustracción legalmente, ya que está escrito (Deuteronomio 4: 2): “No añadirás a la palabra que te hablo, ni quitarás de ella “. Por lo tanto, era ilegal hacer contribuciones como regla de fe después de la publicación de la Sagrada Escritura.»1

Así continúa citando textos de las obras de Aquino haciendo declaraciones parecidas. Sin embargo, en ninguna de estas declaraciones Aquino dice que la única regula fidei que tenemos son las Sagradas Escrituras. La palabra única es fundamental si lo que se pretende defender es que Aquino no creía en otra regula fidei además de la Biblia.

Por otra parte, contamos con declaraciones de Aquino que no parecen sugerir una especie de sola scriptura. Considere lo siguiente:

«Objeción 1. Las cosas que han sido instituidas por Dios se nos han transmitido en la Sagrada Escritura. Ahora bien, hay cosas en los sacramentos que la Sagrada Escritura no menciona, por ej.: el crisma de la confirmación, el óleo de la ordenación sacerdotal y otras muchas cosas, palabras y acciones usadas en los sacramentos. Luego los sacramentos no son sólo de institución divina. Respuesta a la Objeción 1. Hay cosas en los sacramentos que han sido introducidas por los hombres, y éstas no son necesarias, sino que les confieren una cierta solemnidad, útil para mover a la devoción y reverencia en quienes los reciben. Pero hay otras cosas que sí son necesarias, y éstas son las establecidas por Cristo, que es Dios y hombre. Y aunque no todas nos han sido transmitidas en la Sagrada Escritura, la Iglesia las recibió por la transmisión familiar de los Apóstoles, como lo dice San Pablo en 2 Cor 11,34: lo demás lo dispondré cuando vaya2

Y,

«Los Apóstoles, por íntimo instinto del Espíritu Santo, legaron a las iglesias algunas tradiciones que no consignaron en sus escritos, pero que han quedado catalogadas en la observancia de la Iglesia a través de la sucesión de los fieles. Por eso dice el mismo Apóstol en 2 Tes 2,15: Manteneos firmes y guardad las tradiciones que aprendisteis, ya de palabra, es decir, por tradición oraI, o por carta, esto es, comunicadas por escrito. Y entre las tradiciones de este género se encuentra la adoración de las imágenes de Cristo. Por eso se cuenta que San Lucas pintó una imagen de Cristo, que se conserva en Roma.»3 [Entiéndase «adoración» en el sentido de que la realidad de la latría no se queda en la sustancia de la imagen misma, sino en la realidad que ella representa]

Con estas declaraciones, y otra que daré más adelante, queda claro que Santo Tomás no creía lo que Turrentin propone. Por lo tanto, pasemos al tercer y último enunciado.

Solo las Escrituras Canónicas, y no las expresiones individuales de los Padres de la Iglesia, son nuestra única regula fidei

La Iglesia Católica sostiene que la Tradición es parte de la Palabra de Dios y, por lo tanto, si Dios inspira todas sus palabras, entonces la Tradición se inspira en el sentido de que es la Palabra de Dios. A esto se le llama «la ipsisima vox de Dios (las mismas palabras expresadas de otra manera).

Al igual que las Escrituras, está respaldada por la autoridad divina, pero, a diferencia de las Escrituras, las expresiones de la Tradición no están inspiradas de la misma manera (es decir, los escritos de los Padres de la Iglesia no están inspirados divinamente).   

Con lo anterior no estoy negando que la Sagrada Tradición no tenga validez alguna. Lo que quiero decir es que las expresiones individuales de los padres de la Iglesia no gozan de la misma inspiración y autoridad del que goza la Sagrada Escritura. Por ejemplo, si usted me pregunta: ¿nuestra regula fidei son las escrituras canónicas o los tratados de San Agustín?, desde luego le responderé que solo las Escrituras canónicas son nuestra regla de fe y no las escrituras de San Agustín.

Cuando Santo Tomás dice que muchos escribieron sobre las verdades católicas, estoy seguro de que se refería a aquellos padres de la Iglesia que escribieron obras en defensa de nuestra fe; y otros que escribieron cartas pastorales y exhortaciones, siempre aludiendo a la fe católica. De otra forma, Santo Tomás no hubiera dicho que lo escrito por ellos eran verdades católicas.

Luego Santo Tomás comienza con el contraste: él dice que las Escrituras canónicas sólo son nuestra regla de fe, y no las escrituras de aquellos que escribieron sobre las verdades de fe. Aquí la palabra «canónicas» juega un papel importante. Se utiliza para distinguir entre lo definido por la Iglesia como canónico y lo que no se incluyó en el corpus neotestamentario. Sin embargo, no se refiere, Santo Tomás, a la exclusión de los apócrifos, sino a la exclusión de los escritos patrísticos.

¿Niega lo anterior la Sagrada Tradición? En absoluto. Aquino simplemente está rechazando que los escritos individuales de los padres de la Iglesia son nuestra regla de fe, y no niega el consensus unanimous de las declaraciones patrísticas. Esto se hace más evidente cuando, en su Summa Theologiae, dice:

«Pues bien, el objeto formal de la fe es la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura y en la enseñanza de la Iglesia. Por eso, quien no se adhiere, como regla infalible y divina, a la enseñanza de la Iglesia, que procede de la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura, no posee el hábito de la fe, sino que retiene las cosas de la fe por otro medio distinto. Como el que tiene en su mente una conclusión sin conocer el medio de demostración, es evidente que no posee la ciencia de esa conclusión, sino tan sólo opinión.»4

Primero notemos que Aquino dice que hay una primera Verdad revelada en las Escrituras (no sugiere que las Escrituras sean primero, sino que en ellas se encuentra la primera Verdad revelada). En segundo lugar, Aquino reconoce la enseñanza infalible de la iglesia como divina. Y dice que esta infalibilidad procede de la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura. Esta primera Verdad revelada es Cristo, quien le dio la autoridad a la Iglesia para atar y desatar, así como un don especial por la asistencia del Espíritu Santo. Por lo que no habla de las Escrituras per se como la primera Verdad revelada, sino a un Agente externo a las Escrituras que ellas mismas narran.

Turrentin cita las siguientes palabras de Aquino para «probar» que éste rechaza la infalibilidad de la Sagrada Tradición y sólo acata a las escrituras como regla de fe: «Nuestra fe se fundamenta en la revelación hecha a los Profetas y a los Apóstoles, los cuales escribieron los libros canónicos; no en la revelación hipotéticamente hecha a otros doctores.»5 Sin embargo, aquí Santo Tomás nunca habla de la infalibilidad del consenso patrístico. Él simplemente pone al margen las Escrituras canónicas con la de los Padres de la Iglesia. Si bien éstas últimas son autoritarias para la Iglesia, no gozan de la misma inspiración que las Sagradas Escrituras. De hecho, Santo Tomás lo dice aquí de una manera más clara: «Nuestra fe se fundamente en la revelación hecha a los Profetas y a los Apóstoles», esto es verdad. Sin la revelación dada a los apóstoles y profetas, la Sagrada Tradición no existiría como tal. La Sagrada Tradición es una continuación doctrinal de forma oral dada por los Apóstoles que perdurado hasta los siglos presentes.

Creo que está mejor comprendido lo que creía y lo que no creía Santo Tomás de Aquino. Nadie sostendrá el argumento de Turrentin sino es por un espíritu de contiendas innecesarias.

Paz en Cristo Jesús,
Mikael.

Referencias:

[1] Summa Theologiae, Parte II-II, preguna 1, artículo 9
[2] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte III, Cuestión 64, artículo 2
[3] Ibíd. Cuestión 25, Artículo 3
[4] Ibíd. Parte II-II, Cuestión 5, Artículo 3, respuesta.
[5] Santo Tomás de aquino, Summa Theologiae, parte I, cuestión 1, artículo 8

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