“Les ha sido confiada la Palabra de Dios”: Romanos 3:2 y el canon del Antiguo Testamento

El desarrollo del canon es una ardua contienda entre protestantes y católicos. Este debate se subdivide en 1) la participación de la Iglesia en el establecimiento del canon neotestamentario (¿una iglesia falible o infalible?) y 2) sobre el caso de los deuterocanónicos que la Iglesia Católica tiene añadidos en su Biblia (¿quién está autorizado para definirlo: los judíos o la iglesia?).1 Pero el tema de discusión aquí —por ahora— no será sobre el desarrollo histórico de ambos cánones, sino sobre la interpretación de un texto en particular del Nuevo Testamento que se utiliza para darle autoridad a los judíos sobre la definición del canon del A.T.

Cuando discutimos el desarrollo del canon veterotestamentario, con los protestantes, habitualmente se sugiere que la manera de determinar quién tiene el canon correcto es mirar a los judíos modernos, por el hecho de que Romanos 3:2 dice que a ellos les fueron confiados «los oráculos de Dios» o «la Palabra de Dios».2 Pero este texto no tiene nada que ver con la formación del canon (que para entonces no había un consenso entre los judíos sobre qué libros pertenecían a la famosa tanaj).

El argumento protestante.

Con el subtítulo no quiero generalizar. Estoy consciente de que hay protestantes que no utilizan este pasaje para hablar de una autoridad suprema de los judíos por definir el canon del Antiguo Testamento (como veremos más adelante).

El famoso teólogo y filósofo protestante Norman Geisler, acompañado MacKienze, nos dice que: «Dado que el Nuevo Testamento declara explícitamente que a Israel se le confiaron los oráculos de Dios y que recibió los convenios y la Ley (Rom. 3:2), los judíos deberían ser considerados los custodios de los límites de su propio canon. Y siempre han rechazado a los apócrifos3 También el apologista protestante James White escribe que Lutero rechazó los deuterocanónicos «junto con los judíos, a quienes se confiaron los oráculos de Dios».4 Pero estos argumentos no son sencillamente correctos y, además, no es compartido por muchos teólogos contemporáneos.

El contexto del pasaje

El capítulo 3 de la carta a los Romanos comienzan con dos preguntas retóricas. Aquí ya no es el apóstol Pablo quien cuestiona, sino un hipotético interlocutor judío. Estas preguntas, se supone, son consecuencia de lo ya dicho por el apóstol en el capítulo anterior (Rom. 2:17). Esto quiere decir que las antecedentes declaraciones del apóstol tienen correlación con estas preguntas y sus respectivas respuestas.

La primera pregunta es: ¿qué ventaja tiene, pues, el judío? (v. 1) La palabra griega utilizada para «ventaja» es perissós (Gr. περισσὸν) que se puede traducir también como «superioridad», «abundancia», «superabundante». El interlocutor se preguntaría que, si la predilección y preeminencia judía quedan anuladas en virtud de sus obras, ¿cuál es el valor de la distinción que Dios les confiere? A esto San Pablo responde contundentemente diciendo: «mucho, en todos los sentidos. Pues a ellos les fue confiada la Palabra de Dios» (Rom. 3:2 – REV), y aquí está el meollo del asunto.

Interpretación del texto y problemas con la tesis de Geisler, MacKenzie y White.

Primeramente, una interpretación en que se ve a los judíos como la autoridad final del canon veterotestamentario, es problemática. ¿A qué judíos modernos nos sometemos? ¿Quiénes son aquellos que tienen la autoridad de definir el canon? Un católico, incluso, podría adoptar la interpretación que le dan algunos protestantes a este pasaje y tomar como referentes a los judíos etíopes que aceptan los deuterocanónicos como inspirados.5 Entonces el debate ya no se reduciría a qué quiso decir San Pablo con que los judíos tienen los oráculos divinos, sino qué escuela judía es la que Dios inspiró para definir el canon del Antiguo Testamento.

En segundo lugar, una interpretación bíblica sana no parece ir de acuerdo con lo que dicen Geisler, MacKenzie y White. Viendo el pasaje en su contexto inmediato, lo que Pablo quiere decir es que los judíos llevan ventaja a los gentiles porque el Señor les dio revelación divina, no la autoridad para definir el canon del A.T —ni si quiera sugiere que se las dará en el futuro—. En efecto, todos los profetas fueron de procedencia hebrea; los libros que leían Jesús y los Apóstoles eran de autógrafos hebreos (no importa si aún no se había cerrado el canon, esto es relevante). Fue a aquellos profetas a quien Dios les encargó sus oráculos para que fueran proclamados (Hebreos 1:1). Este tipo de revelación es distintiva, pues no es una revelación a través de la naturaleza (Rom. 1:20) o a través de las intuiciones morales, sino una revelación directa de su amor y salvación para los hombres (Is. 1:1; Daniel 7:1; Ezequiel 1:3; etc.). Pablo no nos estaba ni si quiera diciendo que «la Palabra de Dios» hacía referencia, per se, a las Escrituras, sino a la revelación progresiva y general por parte de Dios. Mucho menos nos está diciendo que los judíos tienen autoridad para establecer un canon bíblico (ni si quiera implícitamente, nada nos da lugar a pensar en ello en base al texto). El erudito en griego del Nuevo Testamento, A.T. Robertson, dijo que «la idea aquí [en el uso de “Palabra de Dios” en Rom. 3:2] incluye todo el Antiguo Testamento, aunque pueda limitarse simplemente a los mandamientos y promesas de Dios.»6

En tercer lugar, cuando Pablo dice que a ellos [los judíos] «se les confiaron los oráculos de Dios» utiliza el aoristo pasivo, dando a entender que la autoridad de la sinagofa o «magisterio» judío ya carecía de autoridad. Toda autoridad a rechazar alguna profecía dada o a un profeta lo habían perdido y, según el contexto bíblico del Nuevo Testamento, esta autoridad ahora la tenía la iglesia. (Cf. 1 Timoteo 3:15; Hechos 15; y en general todas las ordenanzas apostólicas en las cartas paulinas, petrinas, joaninas, etc.).

En conclusión, estos son algunos de los problemas que veo con dicha interpretación de Romanos 3:2. Además de enfrentarse a un gran problema histórico, hermenéuticamente esta interpretación sigue teniendo serias dificultades.  

REFERENCIAS:

[1] Para más información sobre los deuterocanónicos recomiendo dos libros especialmente: Why Catholic Bibles are Bigger y The Case for Deuterocanon: Evidence and Arguments. Ambos del autor Gary Michuta.[Volver]


[2] La palabra de Dios (τὰ λόγια τοῦ θεοῦ). El término Logion es probablemente un diminutivo de Logos, y esta palabra fue usada para denotar los «oráculos» de Delfos, según Robertson, y en la septuaginta parece ser común para referirse a los oráculos de Dios. Este término aparece también en Hechos 5:12; 7:38 y 1 Pedro 4:11).[Volver]

[3] Geisler & MacKienze, Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences, Ed.Baker Academic (1 septiembre 1995), pp. 169-170.[Volver]

[4] James R. White, Scripture Alone: Exoloring the bibles´s accuracy, authority and authenticity, Bethany House Publishers; Edición 9.1.2004. pp. 103. [Volver]

[5] Adele Berlin & Maxine Grossman, The Oxford Dictionary of the Jewish Religion (Nueva York: Ed. Oxford University Press, 2011, pp. 125.[Volver]

[6] A.T. Robertson, Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento, Ed. CLIE (2003), pp. 389.[Volver]

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